Carnicería de Don Carlos, atendiendo a tres generaciones

Carnicería de Don Carlos, atendiendo a tres generaciones

El Mercado de San Bernardo es tal vez uno de los lugares más emblemáticos de su centro comercial. Cargado de historia, alberga allí a uno los comercios más antiguos del barrio: la Carnicería de Don Carlos.
Todo empezó hace más de 60 años, cuando Carlos Antonio Rojas decidió inaugurar su negocio en el Mercado. Allí, Carlos Segundo Rojas -desde hace 40 años a cargo de la carnicería-, comenzó a aprender los secretos del oficio. De a poco, y casi como un juego, comenzó a ayudar a sus papás. Era tan chico que no llegaba al mostrador y atendía a los clientes sobre una tarima de madera.
Hoy atiende a tres generaciones: a clientas de entonces que permanecen fieles a su carnicería (“son más viejitas que yo”, aclara), a sus hijas y sus nietas.
¿Cuál es el secreto de esa fidelidad? Don Carlos destaca que sus clientes valoran la frescura de sus productos, la buena atención y la limpieza del local. Su mamá le enseñó que “la gente paga por lo bueno”, y después de tantas décadas ese principio le permite seguir vigente como referente en productos cárnicos en San Bernardo.
Don Carlos llega bien temprano al mercado y se va cuando es de noche. “Esto es mi vida. Hago lo que me gusta. Habla con mis clientes, los escucho, conozco sus historias”. Su carnicería fue uno de los primeros negocios en llegar al mercado, cuando abundaban los puestos de artesanías, flores, pescados y verdulerías. Por eso también es memoria viva y recuerda que “por entonces llegaban a comprar al mercado micros con pobladores de lugares como La Calera, Santa Inés o Tres Acequias, que todavía eran zonas rurales”.
El local está poblado de recuerdos, adornado con fotos y objetos de otros tiempos, que recrean un ambiente acogedor y le dan una atmósfera de nostalgia y familiaridad. Un lugar que vale la pena conocer y, de paso, llevarse unos algunos cortes para hacer un buen asado.

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